Física Teórica, Relatividad Especial vs Teoría Relacional

El inexorable avance del conocimiento...


Hace ya un siglo, las teorías de Einstein se impusieron a las de Newton.

¿Existe alguna teoría actual que ya haya logrado superar la Teoría de la Relatividad de Einstein?

La Teoría Conectada es la única altenativa lógica posible a la Relatividad de Einstein





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lunes, 3 de mayo de 2010

LA PARADOJA DE LOS GEMELOS DE ALBERT EINSTEIN



       PALABRAS CLAVE: dilatación del tiempo, relatividad especial de Einstein, transformaciones de Lorentz, métrica de Minkowski, transformaciones relacionales




       Imaginemos dos entes gemelos A y B que, desde una determinada distancia inicial por ambos bien conocida, se están aproximando mutuamente en movimiento relativo rectilíneo uniforme, en sentido opuesto y con la misma celeridad constante con respecto a la carretera (por tanto, sea la que sea, la celeridad relativa de B con respecto a A es la misma que la de A con respecto a B). Aunque podrían serlo, no es necesario que los gemelos A y B sean gemelos, incluso podrían ser simples colegas de diferentes edades. Aunque podría serlo, no es necesario que dicha distancia inicial sea astronómica, un colega puede partir de Girona y el otro de Barcelona. Tampoco es necesario que viajen en muy veloces naves espaciales interestelares, tan galácticas. Pueden viajar en sendos coches convencionales, algo lentos incluso. Supongamos que ahora, en este preciso instante, sus respectivos relojes, que son idénticos, están sincronizados (una forma de sincronizarlos, teniendo en cuenta que la celeridad de cada ente con respecto a la carretera es la misma, consistiría en que un tercer ente situado en el punto medio de dicha carretera lanzara sendas señales simultáneas hacia A y B para “poner a cero” sus relojes).

       El ente A se autoconsidera en reposo mientras observa que B se le aproxima a una cierta celeridad, no necesariamente elevada y siempre constante. Recíprocamente, desde el punto de vista de B, es él el que, con idéntico derecho al de A, tiene derecho a considerarse en reposo. Por tanto, el ente B se autoconsidera en reposo mientras observa que A se le aproxima a una cierta celeridad, simétricamente la misma celeridad que antes A observaba sobre B. Ya que el tiempo es relativo a la celeridad relativa, puesto que “los relojes en movimiento andan más despacio”, ¿cuál de los dos entes es el que menos habrá envejecido desde el inicio del viaje hasta que se crucen en el mismo punto de la carretera? (La verdad es simple. Supongo que el lector ya sabe la respuesta acertada. Pero aún debe ser usted cauto y no precipitarse, pues aún nos las habemos con los demasiado inteligentes -retorcidos- argumentos del relativismo. No obstante, sugiero al lector que retenga esa lógica respuesta en su mente para que así, a lo largo de las próximas páginas, pueda ir verificando que, desde luego, se trata de la respuesta acertada.)

       A y B, o B y A, son (casi) unos ignorantes del todo: aunque ya conocen las teorías de Newton, teorías que ellos respetan y admiran, ignoran la moderna teoría de la relatividad especial de Einstein. No obstante, a semejantes entes, se les ocurre hacer un sencillo experimento: medir la velocidad de un rayo de luz -de un fotón- en el vacío. Así, tras varios ensayos, consiguen comprobar que el resultado de tal experimento acaba siendo siempre el mismo. Tal experimento siempre reproduce el mismo, para ellos, inesperado resultado: con total independencia de su celeridad relativa, los dos entes siempre obtienen un valor idéntico para la velocidad (módulo) del rayo de luz: la constante c=300.000 km/s. ¡Sorpresa! ¡Para sumar las velocidades no hay que sumar las velocidades! Un fotón, con total independencia de si lo “perseguimos” o nos “alejamos” de él, siempre nos ofrece la misma velocidad. Si nos alejamos de él, por ejemplo, a 100 km/h= 0,028 km/s, el “sentido común” parece indicarnos que su velocidad total con respecto a nosotros se obtendrá a partir de una simple suma: (c+0,028) km/s. Sin embargo, A y B acaban de comprobar experimentalmente que, de hecho, nunca ocurre así: el módulo de la velocidad -celeridad- de un fotón nunca admite “sumas” y resulta ser siempre igual a “c”. A raíz de este preciso experimento y a pesar de la evidente imposibilidad de conciliar el resultado obtenido con sus caras teorías de Newton, acaban por convencerse de la veracidad de la premisa que afirma que la celeridad de la luz es constante para todos los observadores -como es el caso de A y B- cuyo movimiento relativo sea rectilíneo uniforme.

       Tal premisa es sorprendente. Desagradable y molesta. Contradice la ley de la suma de velocidades newtoniana. Contradice, inoportuna e insidiosamente, las únicas y caras teorías que hasta ahora ellos conocen, las teorías de Newton. Pero por rarísima fortuna, tanto A como B no son extrañas antinomias metafísicas que están de efímero paso por este mundo, contemplando cómo los altísimos pedruscos caen hacia arriba desde más arriba pero directos hacia sus pétreos y telúricos cráneos. Son entes independientes e inteligentes, elevados espíritus inspirados por la eterna búsqueda de la verdad. No tienen el menor reparo -es más, creen incluso que es su libre obligación ética- en refutar una teoría si ésta se descubre falsa o absurda. Son filosóficos seres. No les preocupa que por mirar hacia las distantes y tan altas estrellas, sin ni siquiera darse cuenta de lo que discurre por debajo de sus mismísimos pies, puedan tropezar con algún pedrusco y caer dentro de cualquier tramposo pozo que les aceche desde cualquier inesperado lugar del camino. Anteponen la verdad a sus propios intereses. Deciden, aun a su pesar, refutar las únicas teorías que hasta ahora ellos conocen, las muy geniales e intocables teorías de Newton. Pero a la par, conscientes de su socrática ignorancia, se disponen a buscar y crear alguna nueva verdad. De hecho no les queda otra alternativa. Están obligados a construir una nueva teoría que sepa “sumar” velocidades y que sea consistente con la tan sorprendente premisa acerca de la constancia de la velocidad lumínica.

       B y A, o A y B, son alquimistas de espíritu. No les importa la materia, sino las leyes que la rigen. Con esfuerzo, con un poco de matemáticas y un algo de física, con unos cuantos gramos de inmaterial filosofía y con una pizca de lógica que se evapora, con muchas gotas de genialidad, consiguen reinventar la teoría de la relatividad especial de Einstein. Crean así, superando las teorías newtonianas, la teoría de la relatividad especial de Einstein.

       Es de este modo, con su tetradimensional y flamante minkowskiniana nueva teoría, como consiguen explicar la inesperada constancia de la velocidad lumínica. Al precio ¿elevado? de postular una nueva conceptualización del tiempo: un nuevo tiempo que reemplaza al viejo tiempo absoluto newtoniano y que ahora resulta ser relativo a la velocidad. En concreto, relativo a la velocidad tal cual lo dictamina la fórmula (2). Así pues, A y B ya conocen ahora todas las principales fórmulas relativistas: las transformaciones de Lorentz, la métrica tetradimensional de Minkowski,… y la susodicha fórmula relativista de la dilatación del tiempo (2).

       A y B, o B y A, críticos cartesianos falsacionistas, creen que es bueno dudar, por perfecta que parezca, de cualquier intocable teoría. Deciden, pues, someter a prueba incluso a su propia teoría (que al fin y al cabo es una teoría muy limitada: no es aplicable entre entes acelerados ni para entes que gravitan). En concreto, quieren constatar la hipotética veracidad de la relativista fórmula (2) sobre la dilatación del tiempo, según la cual, expresado vagamente en lenguaje ordinario, “los relojes en movimiento andan más despacio”. Por todo ello, cuando al cabo de un rato se cruzan en el punto medio de la carretera que une los respectivos orígenes, Barcelona y Girona, desde los cuales partieron A y B, A predice, con el uso de la citada fórmula, que el reloj en movimiento de B ha retrasado 7 diezmilmillonésimas de milmillonésimas de micronanosegundo con relación al suyo. Según A, él ha permanecido siempre en reposo mientras B se movía hacia su encuentro, acercándosele a determinada celeridad constante. Por simetría, B predice lo muy idéntico que A y lo muy al revés que A. Lo mismo y lo contrario. Según B, es él el que siempre ha permanecido en reposo entre tanto que A se estaba moviendo hacia su encuentro. Por tanto, según B, es el reloj en movimiento de A el que en realidad ha retrasado 7 diezmilmillonésimas de… ¡A pesar de que disponen de la misma teoría no consiguen ponerse de acuerdo!

       ¿Cuál de los dos es el que menos ha envejecido? De los dos tiempos distintos, no iguales, que reclama la monádica fórmula relativista (2) ¿cuál es el que se corresponde con A y cuál es el que se corresponde con B? El ente A dice: ‘Yo estoy en reposo y es B el que se mueve’ y ‘B ha envejedido menos que yo’. El ente B dice: ‘Yo estoy en reposo y es A el que se mueve’ y ‘A ha envejecido menos que yo’. ¡Lo contrario y lo mismo! La contradicción resulta mismamente evidente. Pero nada hay en el presente ejemplo, ninguna excusa relativista posible, que permita romper la simetría éntica entre A y B. La anterior justificación -¿”solución” acaso?- relativista a la ‘paradoja de los gemelos’ no es aplicable al presente caso de la ‘contradicción de los gemelos’. En virtud de la simetría según la velocidad del movimiento rectilíneo uniforme (3) (ver pág. 10), es imposible que ambos entes a la vez puedan tener razón en cuanto a cuál de los dos es el que asimétricamente ha salido “favorecido” por la relatividad cinemática del tiempo. Tal vez, ya que no se desplazan en galácticas naves espaciales y su velocidad relativa es pequeña comparada con la de la luz, tan sólo discutan por culpa de unas irrisorias 7 diezmilmillonésimas de milmillonésimas de micronanosegundo, pero basta un infinitésimo intervalo de tiempo de discrepancia para que la contradicción resulte infinita. Absoluta y total. No hay “contradicciones infinitésimas”, algo es contradictorio o no lo es.

       Por todo ello, la respuesta acertada a la anterior pregunta ‘¿cuál de los dos entes es el que habrá envejecido menos desde el inicio del viaje hasta que se han cruzado en el mismo punto de la carretera?’ es, desde luego, la que el lector de las acertadas respuestas aún retiene en su mente: ninguno de los dos. ¡El tiempo ha transcurrido exactamente igual para ambos! Muy cierto es que a veces pueden existir varias maneras de detectar diferentes tipos de asimetrías en estructuras argumentales aparentemente equilibradas, pero en esta presente historia la simetría entre A y B es infinita. Total y absoluta. Ninguno de los dos entes ha gozado de privilegio alguno. Es del todo imposible hallar ningún tipo de asimetría en la presente historia que permita justificar unidireccionalmente la dilatación del tiempo relativista (2) (ver pág. 9).

       La única posibilidad lógica que queda para eliminar la presente contradicción de los gemelos es afirmar, digan lo que quiera el relativismo y la fórmula (2), que para ambos “gemelos” ha transcurrido exactamente, sin duda alguna posible, el mismo tiempo (cosa que, continúo insistiendo, no equivale a negar la naturaleza relativa del tiempo, pues asumir a priori la naturaleza relacional de la coordenada temporal equivale a asumir a priori la absoluta relatividad del tiempo. Pero sobre lo que no puede quedar ninguna duda es que en el presente caso en concreto el tiempo relacional para B según A tiene que ser exactamente el mismo que el tiempo relacional para A según B).

       A y B son ignorantes del todo pero no del todo ignorantes. Son entes filosóficos, inteligentes e independientes. Son entes que son seres (en todos los sentidos posibles de ‘seres’). Por rarísima fortuna, a diferencia de los antinómicos sabelotodo relativistas, no tienen el menor reparo en refutar una teoría si ésta se descubre absurda o falsa. Antes ya habían refutado, a pesar de ser su más caro genio, a Newton. Antes ya habían descubierto, aun a su enorme pesar, que las caras teorías de Newton ya no les servían para nada. Ahora acaban de descubrir ¡vaya tragedia! que incluso la muy nueva teoría que ellos mismos han logrado crear, la relatividad especial de Einstein, en tanto que, a través de la fórmula (2), es la responsable de la “infinitésima contradicción” de los gemelos, tampoco les sirve para nada: les vale para nada porque para nada les vale. Mas… ¿nada vale?

       (Humana o divina, demasiado divina, ¿existe alguna ley eterna? Algunos historiadores sostienen que el gran Pitágoras ahogó al discípulo estúpido que se atrevió a demostrar la existencia de los números irracionales.
       ¿Cómo se puede ser un tan gran estúpido? Lo obscuro agrede lo lumínico. Es (im)propio del tonto con-fundir el arriba y el abajo. Todo fluye por el camino de lo paradójicamente coherente…)



       Es un insulto a la más elemental de las inteligencias que los relativistas quieran persuadirnos de que la paradoja de los gemelos no es ninguna contradicción lógica. Uno no es dos. La “solución” ofrecida por los relativistas consiste en afirnar que uno de los dos gemelos es el que durante todo el trayecto, incluso cuando no ha habido aceleraciones realtivas, “se ha movido de verdad”.

       Como Galileo y Newton, Einstein aún distingue entre movimientos verdaderos y movimientos “aparentes”.
       Ser y no ser.

       Hay que sutituir las transformaciones de Lorentz por las nuevas transformaciones relacionales. Ha llegado la hora para una nueva revolución copernicana.





P.D.: Algunos ejemplos de aplicación de las nuevas transformaciones relacionales en Alipso.com o en Monografías.com
 

martes, 23 de marzo de 2010

EL PRINCIPIO DE RELATIVIDAD DE EINSTEIN

HACIA LA CONSECUCIÓN DE LA INVARIANCIA UNIVERSAL DE LAS LEYES FÍSICAS

       Dios no necesita postulados. Quien nada tiene que decir, tampoco. Mas un genio sí los necesita…
       A Albert Einstein le asombraba el primer principio de la termodinámica: “la energía total del universo se mantiene constante” (es innegable, por ser tautológica, que la proposición ‘en un sistema aislado, que no intercambia energía con su entorno, la energía total se mantiene constante’ es asombrosamente verdadera). Por su tendencia hacia lo universal, le parecía el modelo ideal de lo que un principio físico debiera de ser.
       Tanto fue así que el primero de los dos postulados sobre los que construyó su primera teoría, la teoría especial de la relatividad de 1905, pretendía emular la universalidad de dicho principio.
       La teoría de la relatividad especial de Einstein se sustenta sobre dos postulados:

1)    Todas las leyes de la física son las mismas en todos los sistemas de referencia inerciales
2)    La velocidad de la luz en el vacío es constante en todos los sistemas de referencia inerciales.

(Según creía Einstein, las únicas ecuaciones de transformación entre sistemas de referencia capaces de compatibilizar ambos postulados son las Transformaciones de Lorentz, lo cual es absolutamente falso. Las transformaciones relacionales , cuya métrica asociada es relacionalmente proporcional a la métrica de Minkowski, también los compatibiliza.)

       En el presente artículo tan sólo nos ocuparemos del primer postulado, conocido como principio de relatividad de Einstein y que, de hecho, no afirma nada nuevo que no hubiese ya antes afirmado Galileo en el postulado conocido como, claro está, principio de relatividad de Galileo: la invariancia de las leyes físicas para todos los sistemas de referencia inerciales (Tractatus, pág. 37). Einstein pretendió que la física se sustentase sobre un principio cuyo grado de universalidad fuese equiparable al antedicho primer principio de la termodinámica. Y, con este primer postulado, creyó haberse acercado a su ideal de principio físico.
       Analicemos su enunciado: ‘Todas las leyes de la física son las mismas en todos los sistemas de referencia inerciales’. Observamos que empieza con ‘Todas’ y contiene 'todos', lo cual parece garantizar el grado de universalidad deseado por Einstein, y termina con ‘inerciales’, lo cual significa que, para Einstein, ‘todas’ las leyes de la física serán las mismas siempre y cuando existan sistemas de referencia que merezcan el calificativo ‘inerciales’. En caso contrario, si los sistemas de referencia no merecen el privilegio de ser calificados como ‘inerciales’, el primer postulado de Einstein renuncia por completo a garantizar lo que enuncia, que las leyes físicas vayan a ser las mismas en todos los sistemas de referencia posibles de la naturaleza.
       La estructura lógica de este primer postulado, conocido como principio de relatividad de Einstein, es similar a la de una proposición como ‘Los derechos de la sociedad son los mismos para todos los ciudadanos europeos’, proposición que excluye, a pesar de su aparente universalidad inicial, los posibles derechos de los ciudadanos no europeos. ¿Es imprescindible añadir ‘europeos’ a la proposición?
       Si lo que de veras pretende Einstein es que el primer postulado sea de carácter universal, entonces le es imprescindible eliminar el calificativo ‘inerciales’ de su enunciado. Pues mientras tal enunciado contenga dicho calificativo siempre podrá ser sustituido sin contradicción por este otro enunciado equivalente: ‘Todas las leyes de la física son –tan sólo- las mismas en (todos) los sistemas de referencia inerciales’. El cual es a su vez equivalente, ya que los sistemas no-inerciales han sido excluidos de lo que en él se predica, al siguiente enunciado:

‘Las leyes de la física NO son las mismas en todos los sistemas de referencia posibles de la naturaleza’

       ¡Se estrelló volando! Estrepitosamente se estrelló. Por el mero hecho de hacer uso del calificativo ‘inerciales’, Einstein fracasa ya en su inicial intento de construir la física sobre un metaprincipio (Tractatus, pág.83) cuyo grado de universalidad sea equiparable al del primer principio de la termodinámica.
       Contra lo que pretendió, Einstein instauró las barreras que impiden el acceso hacia lo universal. ¿Cómo es posible que un genio cometa errores tan ingenios? ¿Es imprescindible añadir ‘inerciales’ al enunciado de su primer postulado?
       El mero hecho de hacer uso del calificativo ‘inerciales’ en el primer postulado de su primera teoría, la relatividad especial, demuestra que Einstein aún creía en la vieja dicotomía, antaño establecida por Newton, entre sistemas de referencia inerciales y sistemas de referencia no-inerciales. Pero si lo que en realidad pretendía Einstein era la consecución de la invariancia universal de las leyes físicas para todos los sistemas de referencia posibles de la naturaleza, ¿por qué no incluyó a todos los tipos posibles de sistemas de referencia de la naturaleza en el enunciado de su primer postulado? ¿Por qué excluyó a los sistemas no-inerciales, en cuya real existencia aún creía ciegamente, de su tan universal primer postulado de 1905?
       En rigor, estas dos últimas preguntas están mal formuladas. Pues presuponen que pueden existir diferentes tipos de sistemas de referencia. Presuponen el prejuicio que provocó el error de Einstein. Si lo que deseaba Einstein era la consecución de la invariancia de las leyes físicas para todos los sistemas de referencia posibles de la naturaleza, es decir, la igualdad o equivalencia de todos los sistemas de referencia posibles de la naturaleza, ¿por qué negó ya a priori la igualdad o equivalencia entre todos los sistemas de referencia posibles de la naturaleza? ¿Por qué aún diferenciaba y dicotomizaba entre sistemas inerciales y sistemas no-inerciales?
       Mas grande escéptico, más gran creyente, tal vez aún argumente que un infalible Einstein consiguió subsanar tan evidente pifia, tras 10 años de decadente década, con su ulterior teoría de la relatividad general, supuesta generalización de su anterior relatividad especial de 1905. Pero no fue así. Como se sabe, la nueva teoría de la relatividad "general" de Einstein se sustenta en el postulado conocido como, claro está, principio de equivalencia de Einstein. ¿Y qué es lo que afirma este principio? Léase y léase bien: "Todo sistema de referencia en caída libre gravitatoria es un sistema de referencia inercial (localmente inercial, si el campo gravitatorio no es uniforme)". Así pues, como se lee, Einstein vuelve a reincidir en su ciega creencia en los sistemas inerciales y en el espacio absoluto antaño inventados y fantaseados por Isaac Newton. Albert Einstein hizo todo lo contrario de lo que debería haber sabido hacer.
       Todos los problemas que aún arrastra la física contemporánea tienen su raíz en el viejo principio de inercia de Descartes y Galileo. Este principio de inercia, también conocido como primera ley de Newton, es el auténtico responsable de las dicotomías newtonianas, las que Einstein no supo cómo eliminar, entre sistemas de referencia inerciales y sistemas de referencia no-inerciales, o entre “movimientos verdaderos” y “movimientos aparentes”
       Einstein ni siquiera se planteó la posibilidad de que el principio de inercia pudiese ser falso. Fracasó. Nunca consiguió eliminar las dicotomías newtonianas. Jamás logró construir una Física que fuese universalmente aplicable para todos los sistemas de referencia posibles de la naturaleza. Mal empezó Einstein con los sistemas inerciales de su teoría de la relatividad especial, y peor acabó con los peculiares sistemas de referencia inerciales, postulados por el absurdo principio de equivalencia, sobre los que sustentó su ininteligible teoría de la relatividad general. ¡Inerciales a pesar de estar sometidos a la fuerza de la gravedad y de estar acelerados los unos con respecto a los otros! (Tractatus, pág. 47)
       Einstein jamás logró superar a Newton. Copió y repitió el peor error de Newton: el espacio absoluto. Nada más empezar, con su primer postulado de su primera teoría, Einstein ya quebrantó su admirable ideal inicial sobre lo que un principio de la física debiera de ser. En lugar de tender hacia lo universal, reincidió en los sistemas de referencia inerciales: aquellos cuyo concepto aún reposa sobre la ilusa creencia en la existencia real del espacio absoluto de Newton, el absolutamente inmóvil sensorio de Dios de Newton.
      Este es el motivo por el que los epígonos de Einstein aún sostienen, lo mismo que haría Newton, que la tierra es un sistema no-inercial que presenta un movimiento absoluto de rotación sobre sí misma. Pero, dado que ‘movimiento’ es un concepto que tan sólo tiene sentido como movimiento con respecto a algo, ¿con respecto a qué se supone que la tierra presenta un movimiento absoluto de rotación sobre sí misma? ¿Con respecto al sensorio de Dios? ¿Por qué la teoría de la "relatividad" aún defiende el movimiento absoluto de Newton en lugar del movimiento relativo de…?

       ¡El espacio absoluto NO existe! La nueva revolución copernicana consiste en eliminar los sistemas inerciales y el espacio absoluto de Newton-Einstein. La verdadera teoría destinada a superar las teorías de Newton de 1687, la teoría de la relatividad de Albert Einstein nunca lo consiguió, deberá contener un nuevo principio de inercia relacional (Tractatus, pág. 141) capaz de eliminar las viejas dicotomías newtonianas entre sistemas inerciales y sistemas no-inerciales; o entre “movimientos verdaderos”, los que se supone que tienen su ocurrencia con respecto a los sistemas inerciales, y “movimientos aparentes”, los que se supone que tienen su ocurrencia con respecto a los sistemas no-inerciales. Y, una vez ya conseguido este objetivo, partirá del siguiente metaprincipio o postulado (Tractatus, pág. 59):

‘Todas las leyes de la física son las mismas en todos los sistemas de referencia.’

       Sobra añadir nada más.

Marzo, 2010

lunes, 28 de diciembre de 2009

LA RELATIVIDAD DEL TIEMPO. EL TIEMPO DE LA RELATIVIDAD

LA PARADOJA DE LOS GEMELOS DE LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD ESPECIAL DE EINSTEIN: http://www.bubok.com/libros/10519/La-paradoja-de-los-gemelos-de-la-Teoria-de-la-relatividad-de-Einstein
viXra. org: http://vixra.org/abs/0909.0022
EINSTEIN vs TEORÍA CONECTADA: http://teoraconectada.scoom.com/2009/09/22/


DEMOSTRACIÓN SIN FÓRMULAS MATEMÁTICAS DE QUE LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD DE EINSTEIN ES FALSA
PALABRAS CLAVE: reloj lumínico, dilatación del tiempo, contracción de Lorentz, Einstein, transformaciones de Lorentz, transformaciones relacionales, relatividad especial, relatividad general, efecto Doppler, redshift gravitatorio


EL RELOJ LUMÍNICO

Un fotón se caracteriza por su frecuencia. Un reloj lumínico es el que se construye con la frecuencia de una luz monocromática (caracterizada por su frecuencia única) y cuyo funcionamiento, como el de cualquier otro reloj, se basa en la regla: ‘determinado número constante de oscilaciones = una unidad de tiempo’. Su calibre, que se escoge arbitrariamente, se define como el número de oscilaciones de la luz que determinan una unidad de tiempo. Cada 100000 oscilaciones un segundo, por ejemplo.

COMPARACIÓN MÚTUAMENTE SIMÉTRICA

Para estudiar la relatividad del tiempo necesitamos comparar relojes que sean idénticos. De lo contrario, si los relojes no fuesen idénticos y funcionaran ya a priori distintamente, de nada serviría compararlos.
Además esta comparación tiene que ser mútuamente simétrica. De lo contrario, si asimétricamente privilegiáramos ya a priori al reloj A con respecto al B o a al reloj B con respecto al A, de nada serviría aducir que las posibles ulteriores diferencias en sus respectivos registros temporales son una verdadera consecuencia de la relatividad del tiempo, pues tales diferencias podrían ser atribuidas a las asimetrías introducidas ya a priori en el método de comparación de los relojes idénticos.
Definición de ‘método de comparación mútuamente simétrico’: Dados dos observadores A y B, A utilizará para construir su reloj lumínico la frecuencia de un rayo de luz monocromática que B envía hacia A; y B utilizará para construir su reloj lumínico la frecuencia de otro rayo de luz, idéntico al anterior, que A envía hacia B. (Los rayos intercambiados son numéricamente distintos, hay dos rayos y no uno, y énticamente idénticos, los dos rayos, con total independencia de la frecuencia que pueda recibir el receptor, tienen la misma frecuencia desde el punto de vista del emisor: su frecuencia propia.)
Para no introducir ninguna asimetría en el método de comparación de relojes idénticos, A y B se intercambian sendos rayos lumínicos. (De hecho, si el método de comparación de dos relojes idénticos no fuese mútuamente simétrico, entonces estos dos relojes no serían en realidad idénticos.)
Sólo cuando se presupone, simétricamente, que A y B se relacionan intercambiando señales lumínicas tiene sentido empezar a reflexionar sobre la relatividad del tiempo. La relatividad relacional del tiempo. No absoluta. En caso contrario, ¿qué sentido tiene afirmar que el tiempo es relativo? ¿Existen aún movimientos absolutos? ¿Acaso un reloj es “consciente” de que se está moviendo con respecto a “no sabe qué” y, en consecuencia (‘en consecuencia’ según la relatividad, claro), “sabe” que tiene que dilatar el tiempo que registra? ¿Es consciente un fotón, que al igual que cualquier otro reloj se caracteriza por su calibre o frecuencia, que para él, según sostienen ciertas lumbreras que aún defienden la relatividad, “el tiempo no pasa”?
Para demostrar la verdad, no nos hará falta ni una sola fórmula matemática.

LA DILATACIÓN DEL TIEMPO DE LA RELATIVIDAD ESPECIAL

A se considera en reposo y B se mueve a una determinada velocidad con respecto a A. A mide el tiempo con un reloj lumínico construido con la frecuencia de un rayo de luz que B envía hacia A.
B se considera en reposo y A se mueve a una determinada velocidad con respecto a B. B mide el tiempo con un reloj lumínico construido con la frecuencia de un rayo de luz que A envía hacia B.
A y B son simétricos y utilizan el método de comparación de relojes mútuamente simétrico. Por la simetría del movimiento, la velocidad de B con respecto a A es la misma que la velocidad de A con respecto a B (salvo signo). ¿Para quién de los dos el tiempo transcurre más despacio, o más rápido? ¿A o B? ¿B o A?
En el ejemplo precedente, el método de medición para averiguar una posible relativización del tiempo se ha sustentado en una comparación mútuamente simétrica, Para no introducir ninguna asimetría ya a priori, A y B se han intercambiado sendos rayos lumínicos, con los que han construido sendos relojes lumínicos. Es fácil de ver que con tales relojes, que son idénticos y funcionan relacionalmente por intercambio de luz, el tiempo transcurre exactamente igual para A que para B. Luego, la dilatación del tiempo de la relatividad no existe. (El efecto Doppler que detecta A para el rayo de luz que B envía hacia A es exactamene el mismo, por la simetría del movimiento, que el efecto Doppler que detecta B para el rayo, idéntico al anterior, que A envía hacia B.)
Sin sofismas. No hace falta un número infinito de relojes, bastan dos, para demostrar que la dilatación del tiempo de la relatividad especial es falsa. (La “demostración” relativista de la dilatación del tiempo sustentada en el famoso reloj de espejos, ideado por Einstein y que aparece descrito en ‘el fin del espacio-tiempo roto’, es un sofisma: se basa aún en la ya superada métrica del teorema de Pitágoras, que es una métrica absoluta, no relacional.)
La relatividad especial es falsa.
¿Que la dilatación del tiempo está “verificada” empíricamente con suma precisión? ¿Cómo lo está? Con tramposos mesones, muones, relojes atómicos,… y toda esa extrañísima fauna que la escuela relativista usa a su antojo para intentar convencernos -engañarnos- de que las piedras caen hacia arriba y los círculos son cuadrados. ¿Cómo se garantiza que semejante tipo de “relojes” puedan ser idénticos? Si se consigue verificar que dos partículas tienen una distinta vida media, esto nunca significa que se haya conseguido verificar con “suma precisión la dilatación del tiempo de Lorentz, sino que estas dos partículas en realidad son distintas, no son “relojes” idénticos. Además, las personas sensatas, cuando quieren concertar una cita, convienen en verse cuando las manecillas de sus respectivos relojes están en determinada posición, no cuando ya se hayan estropeado o dejado de existir, un determinado número estadístico de relojes de determinada vida media, o determinada fecha de caducidad.
La teoría relacional se puede permitir el lujo de dudar incluso del concepto ‘fotón’: la frecuencia de la luz, esté o no la luz compuesta de fotones, es algo que se mide a diario en el más humilde de los laboratorios.
No hace falta ni recurrir a evidencias empíricas para refutar la relatividad especial. Ha sido suficiente con pensar simétricamente para demostrar que la dilatación del tiempo es falsa.
Las transformaciones de Lorentz de la relatividad especial son un mero juego matemático que no tiene ni pies ni cabeza. Son absurdas. Hay que refutar las transformaciones de Lorentz de Einstein y sustituirlas por las nuevas transformaciones relacionales de la teoría conectada.

EL REDSHIFT GRAVITATORIO Y LA RELATIVIDAD GENERAL

El redshift gravitatorio es un fenómeno comprobado empíricamente: Dado un rayo de luz que se propaga en dirección vertical, está comprobado que los observadores estacionarios situados a un mayor potencial gravitatorio (mayor distancia al centro de la fuente gravitatoria, mayor “altura”) miden una menor frecuencia lumínica que los situados a un menor potencial (menor altura).
A se encuentra a mayor altura que B. A mide el tiempo con un reloj lumínico construido con la frecuencia de un rayo de luz que B envía hacia A. Como A está a mayor altura que B, debido al redshift gravitatorio, el reloj de A funcionará más despacio que el reloj de B.
B se encuentra a menor altura que A. B mide el tiempo con un reloj lumínico construido con la frecuencia de un rayo de luz que A envía hacia B. Como B está a menor altura que A, debido al redshift gravitatorio (en este caso sería mejor llamarlo “blueshift”. Pero como la estructura matemática de la relatividad es asimétrica, el lenguaje ordinario que genera cuando se la intenta explicar es también asimétrico), el reloj de B funcionará más rápido que el reloj de A.
A y B utilizan el método de comparación de relojes mútuamente simétrico, pero no son simétricos. El párrafo anterior no es válido si intercambiamos A por B y B por A, pues si A se encuentra a mayor altura que B, entonces B sabe que B está a menor altura que A y, por tanto, B, lo mismo que A, reconoce que A se encuentra a mayor altura que B.
Es fácil de ver que ambos estarán de acuerdo en que el tiempo es relativo a la altura (al potencial gravitatorio) y que el tiempo de A transcurre más despacio que el tiempo de B. Luego, el tiempo va más despacio a mayor altura.
La métrica de Schwarzschild de la relatividad general afirma lo contrario de lo que demuestra el reloj lumínico, que “el tiempo va más rápido a mayor altura”. Luego es falsa.
Si la métrica de Schwarzschild es falsa, entonces las Ecuaciones de Einstein de campo gravitatorio, a partir de las cuales se deduce la métrica de Schwarzschild, son falsas. (http://www.kiliedro.com/index.php?option=com_content&task=view&id=449)
¿Que la relatividad general está “verificada” empíricamente con suma precisión? Más aún lo está el redshift gravitatorio. Además nos podemos permitir el lujo de no utilizar ni siquiera el concepto ‘fotón’: la frecuencia de la luz es algo que se mide a diario en el más humilde de los laboratorios.
Por mucho que los relativistas intenten persuadirnos, la experiencia, el redshift gravitatorio, jamás ha “verificado” empíricamente la relatividad general. Al contrario, la refuta con meridiana claridad.
La relatividad general es falsa.
La teoría de la relatividad, especial + general, es falsa.
En realidad es la pura lógica la que ya ha refutado con meridiana claridad la teoría de la relatividad. Relativistas, por muchos que sean los intereses en juego, ¿a quién pretendéis aún engañar?
No hace falta recurrir a la experiencia para ver que la relatividad destroza la lógica.
No hacen falta fórmulas matemáticas para demostrar que la relatividad es falsa. Cierta mentira. Para demostrarlo, como acabamos de comprobar, basta con un simple “cálculo de proposiciones”.
El tiempo de la relatividad ha llegado a su fin.

LA RELATIVIDAD DEL TIEMPO. RELACIONAL Y NO ABSOLUTA

Sólo después de habernos asegurado una total simetría, relojes lumínicos idénticos y método de comparación mútuamente simétrico, es posible empezar a reflexionar con sensatez sobre la relatividad del tiempo. Si A y B no son simétricos, entonces tal vez es posible que el tiempo muestre su naturaleza relativa. Si A y B son simétricos, entonces es del todo imposible: el tiempo tiene que transcurrir exactamente igual para ambos. Lo contrario sería contradictorio. Idea de no armonía nunca. Paradójico. Lo real simétrico no es lo asimétrico irreal.
¡Quién no recuerda la fascinantemente fascinante contradicción de los gemelos! (http://teoraconectada.scoom.com/2009/08/20/la-contradiccion-de-los-gemelos/) Todas las gloriosas verificaciones de la escuela relativista acerca de la relatividad del tiempo son falsas. Mentiras ciertas que están infectadas por el movimiento absoluto implícito en la paradoja de los gemelos.
¿Que es el tiempo en sí el que es relativo? Esto es más absurdo aún que el metafísico tiempo absoluto de Newton. Sobran comentarios.
¿Que es el tiempo el que es relativo en sí y su relatividad es independiente de los tipos de relojes usados para verificarla? Entonces ¿por qué la escuela relativista se preocupa tanto en elegir tan celosamente sus tan “precisos” relojes? ¿Por qué no “verifica” el redshift gravitatorio con un reloj de péndulo?
El fenómeno del redshift gravitatorio lumínico se deduce, desde el punto de vista de la teoría, a partir del elemento de matriz temporal de la métrica del espaciotiempo: ¿No significa esto que el tiempo al que la teoría se refiere es el tiempo registrado por un reloj lumínico, y no otro? ¿Por qué la teoría de la relatividad es incompatible con el reloj lumínico? (Es fácil demostrar que según la relatividad general, en un campo gravitatorio el funcionamiento del famoso reloj de espejos de Einstein depende de su orientación espacial, otra de las tantas cosas de la relatividad que no tienen ni pies ni cabeza. La teoría conectada permite demostrar que el reloj de Einstein se comporta igual que un reloj lumínico.)
El pensamiento lúcido nunca convierte lo simétrico en asimétrico. Una teoría está obligada a definir coherentemente, sin trampas y sin una ulterior necesidad de tener que rectificar mediante asimetrías a priori una vacilante definición inicial, lo que ella entiende por ‘reloj’. La relatividad es incapaz de hacerlo. La relatividad se niega a definir lo que ella entiende por ‘reloj’. Cualquier definición que ensaye la aboca al absurdo y a la contradicción. Por eso se puede permitir la estulta libertad de elegir el extraño reloj que le venga en gana en cada caso para “verificar” lo que se le antoje “verificar· y, por eso mismo, no se (le) puede permitir la astuta libertad de que elija en cada caso el reloj que le venga en gana: que permanezca obligada a elegir el que le permita “verificar” empíricamente todas sus extrañas estupideces. ¡Cómo la relatividad de Einstein va a definir qué es un reloj si no comprende lo que es el movimiento, si aún cree en los movimientos absolutos y verdaderos de Newton!
Nunca nadie sabrá qué es ‘el’ tiempo (admito, al menos, que yo no lo sé). Sin embargo, la relatividad del tiempo no es nada misterioso: tan sólo hace referencia a la comparación relacional de las oscilaciones de la luz. Si el tiempo es relativo, entonces es relacional. (En tanto que las coordenadas espaciales también son relacionales y el espacio absoluto no existe, algo similar le dijo Leibniz a Newton, pero, claro está, no fue Leibniz el que supo crear la teoría de Newton.)
El tiempo tiene que ser amoldado a la invariancia universal de las leyes físicas. Puesto al servicio de la absoluta relatividad del movimiento.
La nueva revolución copernicana: La teoría conectada.

P.D.: Pregunta: ¿Por qué la velocidad local de la luz es la misma para todos los observadores? Respuesta: Porque para todos los observadores locales la luz recorre exactamente la misma longitud en exactamente el mismo tiempo. La contracción de longitud y la dilatación del tiempo de Lorentz no existen.
Fantásticas y más de un siglo más actuales que las de Lorentz-Einstein, en próximos artículos iré explicando (por si todavía queda alguien que, por ser demasiado inteligente, todavía no las entiende.. o no le interesa entenderlas) cómo funcionan mis nuevas transformaciones relacionales.

XAVIER TERRI CASTAÑÉ
22 de Septiembre de 2009


El lector encontrará algunos ejemplos de aplicación de las nuevas transformaciones relacionales en 'Sobre la dilatación del tiempo y la contracción de longitud de Lorentz-Einstein' en Alipso.com o en Monografías.com

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